Nota: Traducción del artículo originalmente publicado en Glide por Rob Corbidge.
¿Es posible dañar deliberadamente la reputación de tu propio sitio para intentar aumentar tus ingresos? La respuesta es un rotundo sí, y sabemos que esto ha ocurrido muchas veces, ya sea intencionada o inadvertidamente. Sin embargo, tales acciones son, en última instancia, responsabilidad del propietario del sitio. En un entorno comercial auténtico, uno vive o muere según sus decisiones. ¿O no del todo?
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Ese conocido árbitro del juego limpio, Google, ha publicado esta semana su revisada política de abuso de reputación de sitios web, algo que llevaba tiempo aplicando de forma más discreta. Para definir este comportamiento, el documento afirma: «Es una táctica donde contenido de terceros se publica en un sitio anfitrión para intentar aprovechar las señales de posicionamiento ya establecidas del anfitrión.»
Y ya está afectando a algunos sitios importantes, como señaló Glenn Gabe, experto en SEO. ¿No es esto, como comentó un observador de la industria en LinkedIn, «exactamente lo que hacen Google AdWords y Google AdSense, aprovechándose de sitios con tráfico para mostrar sus anuncios»?
En los documentos de política de spam de Google, los ejemplos de comportamiento considerado reprochable incluyen:
- Un sitio deportivo que aloja una página escrita por un tercero sobre «reseñas de suplementos para el gimnasio», cuyo propósito principal es manipular los rankings de búsqueda.
- Un sitio médico que aloja una página de terceros sobre «mejores casinos», diseñada para manipular rankings aprovechando las señales de posicionamiento del sitio médico.
¿Dónde termina el advertorial y comienza el SEO parasitario? El mercado publicitario está esencialmente roto. Si el propietario de un sitio médico ve ingresos en vender contenido sobre casinos, esa decisión debería ser suya. Si los usuarios lo encuentran ofensivo, pueden «votar» con su tráfico y evitar dichos sitios. Lo mismo aplica para cualquier otro tipo de sitio.
Esto me recuerda a mi experiencia como usuario premium de YouTube, donde pago por no ver anuncios, lo cual beneficia enormemente mi presión arterial. Pero casi todos los canales que sigo incluyen anuncios leídos por los anfitriones: ya sea de proveedores de VPN, empresas de juegos móviles, esquemas de inversión en oro o suplementos dietéticos.
De manera similar, uno podría pensar que las prácticas de SEO parasitario que Google ahora persigue podrían ignorarse. Si al buscar un contenido educativo te topas con secciones publicitarias sobre préstamos rápidos, simplemente puedes ignorarlas o buscar otra fuente.
Sin embargo, Google parece decidido a restringir el espacio comercial de los propietarios de sitios. Incluso si el contenido lo produce el propio equipo del sitio, será tratado como spam si cae dentro de estos parámetros. Como señaló Lily Ray: «Básicamente, no puedes argumentar que ‘esto no es contenido de terceros porque nuestro propio equipo participó en su creación/edición’. Muchos sitios involucrados en asociaciones y relaciones white label solían usar esta defensa.»
Ahora ya no es válida, según Google. Hipocresías evidentes. Es curioso escuchar esto de una empresa que pasó la primera mitad del año promoviendo contenido de Reddit y Quora sobre todo lo demás en sus búsquedas, aplastando el tráfico de sitios especializados de larga trayectoria.
Nada en la documentación oficial de Google deja claro exactamente lo que exigen. Y esta ambigüedad les favorece, ya que les permite ofrecer una vaga «zanahoria» sin realmente entregarla. Cuesta ver la lógica de esta nueva medida, a menos que seamos cínicos y pensemos que Google quiere controlar la publicidad bajo la fachada de protección al consumidor.
¿Un posible desmantelamiento de Google? Como epílogo, esta semana surgieron indicios de cómo podría ser un posible desmantelamiento de Google. Uno de los primeros pasos podría ser la separación del navegador Chrome, una fuente inmensa de datos sobre usuarios y sus hábitos.
La sensación final: aunque Google plantea esto como una defensa del usuario, su interés comercial parece cada vez más evidente. ¿Se trata realmente de proteger a los consumidores o de mantener el control del mercado?
* Artículo publicado en colaboración con Glide.
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Autor: Jorge Mediavilla Martínez es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y lleva ejerciendo más de 20 años como editor de noticias, primero, y posteriormente como Product / Project Manager en empresas tan prestigiosas como ya.com, Yahoo!, acierto.com, Wunderman Thompson (grupo WPP) o grupo PRISA, entre otros. Además colabora con la URJC. Síguele en LinkedIN o Twitter. Contacto













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